Marcelo Moura, sobre el regreso de Virus: "Nunca transamos con nadie para ser exitosos"
Marcelo Moura, sobre el regreso de Virus: "Nunca transamos con nadie para ser exitosos"

Pocas bandas de rock nacional de los 80 suenan tan actuales como Virus. Basta una simple prueba, como incluir algunos de sus hits en una playlist moderna, para evidenciarlo. Con adversidades, golpes y hiatos esporádicos, el grupo de los hermanos Moura se mantiene vigente tras 42 años de carrera y, lo que es más importante, no para de tocar.

Antes de la pandemia de covid-19, el histórico baterista Mario Serra volvió a sumarse a sus filas y, con el regreso a la normalidad, Marcelo y Julio Moura volvieron al ruedo en la que podría ser su última gira, que tendría una extensión de tres o cuatro años (“lo que nos dé el público y el entusiasmo”, admite el primero), que recorrerá toda la Argentina y Latinoamérica, pasará por España y los Estados Unidos y alcanzará su clímax el 31 de marzo de 2023 en el Luna Park.Marcelo Moura, que hoy ocupa el rol de cantante y tecladista, habla con El Planeta Urbano mientras se recupera de una gripe. Hace una semana que lidia con, valga la redundancia, el virus, pero afirma que nada se interpondrá con los shows que vienen. “Una vez que te subís al escenario no existe ningún dolor –confía–; entrás en un estado de trance. Federico subía a cantar con 40 grados de fiebre y vos le tocabas la frente y no tenía nada. Yo me rompí la pierna en el segundo tema de un show y me enteré cuando terminé de tocar. El escenario es un lugar muy mágico.

–¿Cómo es la reacción de la gente cuando los ve tocar con esta formación donde, además de tu hermano Julio y el baterista Mario Serra, están Ariel Naón en bajo, Patricio Fontana en teclados y Agustín Ferro en guitarra?–La respuesta es increíble y superó ampliamente nuestras expectativas. Nos llama la atención que en los últimos shows que dimos el promedio de edad del público es de entre 20 y 30 años. Emociona ver que chicos tan jóvenes son fanáticos de Virus y se saben todas las canciones.–¿Por qué creés que siguen teniendo vigencia y que su música atrae a una generación que no vivió su momento de mayor popularidad?–Se debe exclusivamente a la obra. Cuando la obra es buena no tiene fecha de vencimiento, y la nuestra quedó grabada en el público. Diferente es el caso de un artista que se hace popular por una moda. En cambio, nosotros prácticamente no somos conocidos, pero sí lo son nuestras canciones. En estos 42 años, la música de Virus nunca dejó de sonar y la audiencia conoce por lo menos treinta o cuarenta temas de nuestro repertorio, algo que no es muy usual. Y la verdad es que, si bien nos criticaron por muchas cosas, nunca lo fue por parecernos a alguien. Ahí creo que partimos de un punto muy importante: hay un solo Virus.–¿Cómo fueron desarrollando ese sonido tan particular, que definitivamente marcó un antes y un después en el rock nacional?–Cuando nosotros formamos el grupo tuvimos una visión común de la música, influenciada por una enorme y dispar cantidad de músicos que dio como resultado un estilo absolutamente personal. Nuestra conducta también ha tenido una coherencia que se ha sostenido con el correr del tiempo. Nunca transamos con nadie para ser exitosos. Cuando hicimos el primer disco, Wadu Wadu, la compañía discográfica nos dijo que si no cambiábamos las letras y la música íbamos a tener que rescindir el contrato, y eso fue lo que hicimos.

–Aun así, en sus inicios fueron duramente criticados. En su primer recital masivo, en el Prima Rock, les tiraron naranjas.–Cuando nosotros aparecimos, el panorama nacional era hippie y depresivo. Yo estaba en la secundaria, bajaba en los recreos al patio, veía a un grupo de gente con una guitarra y me quería pegar un corchazo porque era de una tristeza absoluta. Siempre que aparece algo nuevo genera rechazo, es un común denominador en los artistas que tienen una personalidad única. A nosotros nos denigraban parte de la prensa y los mismos músicos. Me acuerdo de que con Julio siempre decíamos que era una señal de que algo estábamos moviendo porque en un grupo que no gusta, la reacción es la indiferencia, pero si hay gente que se fanatiza y otra que te odia significa que estás tocando alguna fibra sensible, ¿no?–Muchos acusaban a la música de Virus de pasatista, pero a diferencia de otras bandas de la época, las letras de sus canciones estaban llenas de sutilezas y mensajes ocultos.–Federico, Julio y yo fuimos al Colegio Nacional de La Plata y con 14 años leíamos a autores como Nietzsche, Sartre, Artaud, Baudelaire y Rimbaud. Veníamos con un bagaje cultural completamente distinto, así que lo que introdujo Virus en las letras fue un lenguaje nuevo, metáforas y varias capas de lectura que, enmascaradas, nos sirvieron para poder decir cosas en un momento en donde no se podía hablar. Nosotros fuimos un grupo con mucha claridad respecto de nuestra postura contra los militares, y eso nos costó amenazas y que nos sacaran de las radios. También fuimos de los primeros grupos, si no el primero, en apoyar la diversidad de género y en hablar de temas que hasta entonces eran tabú.

–Pocos artistas han sido como Federico. El rock nacional no tiene tantos líderes como él. ¿Cómo lo recordás hoy cuando subís al escenario y sentís su ausencia?–Federico era un ángel, una persona que flotaba por el escenario. Tenía un magnetismo, una suavidad y una fuerza únicos y hoy lo recordamos con unas canciones que canta él mientras en la pantalla se reproduce su imagen. En ese momento se nos pone la piel de gallina, nos transportamos en el tiempo.De todas formas, él es mi hermano y como todos mis hermanos que ya no están, al igual que mis padres, siempre están presentes en mí en cada momento, mucho más en aquellas situaciones que son de una fragilidad emotiva muy grande, ahí es donde más los podés percibir. Cuando toco es como que están todos ahí, siento que somos como cincuenta almas arriba del escenario. Creo que Federico era una persona demasiado bella, en el amplio sentido de la palabra, que quedó perpetuada en lo que fue exactamente su momento de mayor esplendor. No me imagino un Federico viejo y decadente, él hizo su propio retrato en el mejor momento de su vida física y artística.–¿Cómo superaron vos y Julio ese golpe tan duro que representó su pérdida?–Es parte de lo que te depara la vida, que te presenta distintas situaciones que uno desconoce y de las que solo es un observador al que le tocó vivirlas. Lo que sí sé es que cuando suena la campana empieza el round y hay que salir, y si antes te llenaron la cara de dedos, tratarás de ser un poco más veloz y de tomar fuerzas de donde no tenés. Es como lo que decía al principio sobre la gripe: te agarra y hay que salir igual. Hubiera preferido no enfermarme, que Federico no se muriera o que no me pasaran un montón de cosas que me pasaron, pero me sucedieron y tengo que aceptarlas, así como también viví millones de momentos maravillosos que mucha gente nunca tuvo.

Me parece que es el destino, lo que uno debe asumir y afrontar. En definitiva, uno no tiene ninguna injerencia en lo que ocurre. Yo no pude incidir en la enfermedad de Federico, no pude curarlo y ya suficiente tortura fue sentir la impotencia de no poder ayudar a una persona que querés tanto. Nuestra vida ha sido hermosa, incluso con las adversidades que hemos sufrido, pero que le pasan a cualquier persona. ¿Cómo te levantás? No sé si pasa tanto por racionalizarlo, creo que es un instinto del ser humano.